jueves, 15 de octubre de 2009

La revolución cubana

INTRODUCCION



Habitualmente, al hablar de “revolución”, se lo entiende como un “cambio brusco”, como una modificación radical del régimen vigente.
Sin negar dichas afirmaciones, se intentará mostrar y demostrar aquí que ésta debe entenderse además como un proceso más que como un suceso particular, y que éste es un producto sin lugar a dudas multicausal, complejo, que atiende a combinaciones particulares y generales de distintos entramados sociales, que, entretejiéndose de determinada manera, logran encauzar un proceso revolucionario. Proceso que se da en un largo plazo, dentro del cual se generan condiciones necesarias para que éste sea posible, así como contradicciones del orden vigente que ya no pueden sustentarse por los medios que habituales, y en cambio sobreviene, a partir de luchas sucesivas, complejas, progresivas (no de forma lineal, sino contradictoria, con luchas contrapuestas), en un momento y contexto determinado, que sin duda condiciona el proceso, pero que, en última instancia, siempre está determinado por el entramado de relaciones que se dan al interior del mismo.

El caso de la revolución que nos atañe, la revolución cubana, no es la excepción. Por tanto intentaré mostrar aquí cómo la revolución que se concreta en los primeros días del año 1959, es producto de un largo proceso que comienza en la segunda mitad del siglo XIX, que da lugar a las primeras luchas por la independencia en 1868 y más tarde en 1895; cómo esas luchas van mostrando síntomas de resquebrajamientos en la dominación colonial, cómo éstos van a ser luego estandartes en las luchas siguientes, que, sin dejar de tener limitaciones, irán resolviendo paulatinamente, en base a una concientización de las clases oprimidas, a un logro por parte de éstas de aglutinarse y lograr la dirección precisa bajo un liderazgo adecuado y eficaz, lograrán finalmente concretar la liberación de este país más de medio siglo después.

Esto, a su vez, se lo considerará enmarcado en relaciones sociales de producción determinadas no solo en Cuba sino en Latinoamérica en general, y tomando en cuenta que las mismas corresponden también a categorías y formas propias del desarrollo del capitalismo, y, en particular, de su desarrollo a partir del último cuarto del siglo XIX, en la fase imperialista del capitalismo; también las luchas posteriores en contextos de guerras, de crisis internacional (como lo es la primera gran crisis de producción en el capitalismo en la última década del siglo XIX, o el “crack” de 1930) y la conjugación de éstos con la dinámica interna de las sociedades en general y la cubana en particular.

Se intentará demostrar particularmente el carácter progresivo, contradictorio y sucesivo de las luchas sociales (lo cual da cuenta de un análisis de fuerte carácter sociológico - sobre todo teniendo en cuenta el análisis de las clases y sus intereses y contradicciones en cada parte del proceso- además de histórico) agudizadas crecientemente, y cómo éstas van cambiando de rumbo en base a los objetivos que se proponen, a los obstáculos que encuentran, y principalmente, a lo que llamaré la “búsqueda de liderazgo” :a la dirección que van teniendo las clases que dirigen esos procesos revolucionarios, las cuales le darán un tinte particular a éstos y que tendrán fuertes trabas hasta llegar a la derrota final de las clases dominantes.



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Convendría entonces empezar caracterizando la formación económico social (FES) cubana a mediados del siglo XIX, período que se marcó anteriormente como comienzo estimativo de la lucha revolucionaria por la emancipación.

A estas alturas, Cuba era una colonia española, que, como en todos los casos, se caracteriza desde los tiempos de la conquista, por relaciones de producción predominantemente feudales, con una fuerte carga también de relaciones de producción esclavistas. Tiene, por tanto, una economía predominantemente agrícola, con un bajo desarrollo general de las fuerzas productivas. Desde el punto de vista de las clases, posee, dada su propia lógica, una clase dominante formada por una oligarquía terrateniente y exportadora (esto se debe, en buena medida, a que su propia necesidad de clase los promueve a producir para el mercado externo, sin necesidad de formar bases de acumulación interna, entre otras cosas). La tierra por tanto es la base del poder de esta clase, y esta característica, combinada con el latifundio que reina en la región, constituyen trabas muy serias tanto al desarrollo de las economías latinas como a la movilidad social, debido a la imposibilidad de las otras clases (burguesías nacionales, pequeñas burguesías, campesinos, artesanos, comerciantes, esclavos, etc) de acceder a algún tipo de poder político. Esta situación da lugar a profundas y diversas contradicciones que veremos luego, y que son casi inherentes a esta formación económico social. Sumemos a esto la escasa diversificación productiva, la escasa inversión, acumulación, la falta de mercado interno y, principalmente, el monopolio comercial español y sus políticas fiscales altamente restrictivas.

Debe tenerse en cuenta también que esta etapa se da por una parte, en un contexto de debilitamiento del dominio español en sus colonias, producto en buena parte del desgaste político y militar dado por la emancipación de varias de sus colonias (para esta época toda Sudamérica está fuera de su dominio – al menos formal), además del debilitamiento a nivel superestructural. El aparato ideológico está cada vez más resquebrajado. En el caso de Cuba, dado el grado de dependencia con la metrópoli, del bajo desarrollo de su economía y de la subordinación constante de sus clases dominantes a las de la metrópoli, impiden que éste debilitamiento se dé claramente. Pero esto no quita que las contradicciones no existan.

También es la época de la formación de las naciones y los estados en las potencias europeas, que ya han pasado o están pasando según los casos por procesos de acumulación de capital y están en vías de expansión hacia nuevos mercados, dada la consolidación de la industria que comenzó ya a fines del siglo XVIII. No es la etapa del imperialismo, que ya se analizará, pero sí hay una consolidación económica y política combinada con claras expansiones. En ejemplos particulares, es la etapa de plena expansión del imperio británico, y de la decadencia del imperio español (básicamente, debido a fuertes políticas mercantilistas que no permitieron una acumulación de capital que diera lugar a un impulso industrial de gran desarrollo, como sí lo hicieron otros países). Es interesante ver el contraste con las FES de América Latina: mientras las europeas se consolidan y desarrollan, las primeras, en base a éste desarrollo y su posterior expansión, se debilitan y se subordinan.

En el plano interno entonces, en Cuba hay una contradicción de clase entre dominadores y dominados, en un contexto de conflicto colonial, de debilitamiento.
En el plano de la influencia del contexto en el interior de esta FES, se combina cierto desarrollo en las industrias, leves innovaciones (especialmente en la región occidental de Cuba, la región más desarrollada) con el comienzo del sistema de empréstitos, transportes, etc, que acentúan la dependencia. A su vez, la decadencia colonial deja cierto margen de pensar en el cambio, se va generando un sentimiento anticolonial, que no deja posibilidad de progreso a la mayoría de la población, que no ve otra salida que la necesidad de diversificar el comercio, y de modificar las bases de éste régimen. A su vez, progresivamente, se acentúa la contradicción entre las clases dominantes locales y las de la metrópoli. Esto genera el comienzo de un intento de lucha por la formación de una nación (categoría histórica propia del capitalismo). A estas necesidades de la burguesía local, se suman la necesidad de que la tierra sea mercancía, de manera que pueda invertirse en ella a fines de desarrollar las fuerzas productivas. A su vez, se requiere incorporar campesinos para trabajarla. Esto es importante porque da lugar al problema de la esclavitud y su abolición: la necesidad de las clases dominantes locales de incorporar mano de obra libre de la cual extraer plusproducto, y generar relaciones de producción netamente capitalistas para la acumulación, es un punto clave para entender la contradicción de clases que generan las relaciones de producción feudales, trabando el desarrollo económico y social de la región, con el agravante del latifundio mencionado anteriormente. La expansión mercantil, el incremento productivo principalmente en el sector azucarero y en el café, la especialización agropecuaria para satisfacer las demandas del mercado mundial, son elementos claramente capitalistas que se entremezclan con las relaciones feudales vigentes con la cuales hay conflictos. Claramente aparece entonces la lucha entre los hacendados criollos y la clase comerciante española (lo que llamamos habitualmente burguesía intermediaria – representantes de la clase dominante de la metrópoli en las colonias) por la hegemonía estatal.

En este marco insoslayable es que se produce la llamada “Guerra de los diez años” (1868-1878) cuyos objetivos son, a priori, la independencia y la abolición de la esclavitud. Es decir, una guerra antiesclavista y anticolonial. Guerra que sin dudas adquiere un carácter burgués, debido a las necesidades que marcaba anteriormente. Son ellos por otra parte quienes la conducen. De ellos dependerá por tanto la dirección final del proceso. Intentaré mostrar las contradicciones (principalmente entre occidente y oriente) y las características y los intereses de clase que se reflejan en esta lucha.

Oriente es la región de más bajo desarrollo, con relaciones de producción feudales y semi feudales, con fuertes dominios patriarcales, con baja innovación, producción y por ende, baja explotación también. Necesitan sin embargo con mayor urgencia la desligación con el capital español, que trunca su desarrollo.
Occidente es la región de mayor desarrollo y riqueza de la isla, y de mayor ligazón con la clase dominante de la metrópoli. Aquí los hacendados tienen poder de negociación, y no tienen una contradicción extrema con la clase dominante española. Su mentalidad es más burguesa, naturalmente y por ende más conservadora. Es importante tenerlo en cuenta, porque los intereses de clase, marcan, como veremos, la postura que toman ante la posibilidad de cambio social, y por eso es pertinente analizarlo.

Ahora, desde el punto de vista de las clases:

Por una parte, los terratenientes ganaderos. Estos dependen de la industria azucarera y están ligados a los hacendados orientales, se especializan en la agricultura, pero, naturalmente, no necesitan explotar mano de obra esclava. En este sentido se ven fuertemente perjudicados por las políticas restrictivas españolas, y no tiene ningún reparo en sumarse a la lucha anti-esclavista y anticolonial. Por su lado, la pequeña burguesía, formada por pequeños manufactureros, artesanos, comerciantes, que, al igual que los ganaderos, ven obstruidas sus aspiraciones y su postura de cambio es aún más radical, ya que no tienen ningún vínculo con la clase dominante de la metrópoli; solo sufre su opresión. También es oprimida por la clase terrateniente local, la que buscaba impedir fuertemente cualquier concientización revolucionaria (no es lo mismo la expansión comercial que la abolición de las bases del régimen dominante). En cuanto a los campesinos, son la clase con mayores contradicciones tanto con la clase dominante local como con la metrópoli, precisamente porque es explotada por ambos. Depende económicamente de la clase terrateniente, lo que se ve reflejado en el pago en dinero de las tierras que arrienda. Es por ende la clase con mayor propensión al alzamiento. Los esclavos comparten con el campesino la doble explotación (local y colonial). Sin embargo no tienden a liderar los procesos revolucionarios, en parte porque en la región oriental su grado de explotación no es tan alto. Claramente entonces éstos últimos tres sectores son los que apoyan la independencia política y económica (si es que tal separación es posible).

Como se dijo anteriormente, su objetivo era poner fin al dominio español y al régimen esclavista. Su resultado no fue exitoso, dada la poca experiencia bélica y la escasa cohesión política de sus dirigentes. Es de alguna manera el prólogo de la siguiente fase revolucionaria a partir de 1890, con el liderazgo de José Martí.
Veamos sus consecuencias: cambios en la economía (fuertemente deteriorada) y en la correlación de fuerzas internas, que puede verse en el fin de la burguesía agraria criolla en Oriente, que pasa a ser una burguesía rural, que tendrá fuerte problemas de rentabilidad debido a las bajas condiciones económicas y a la destrucción de las tierras.
En el occidente cubano se ve una concentración de la producción en los hacendados azucareros; se separa la industria fabril de la agrícola. La principal consecuencia es la abolición de la esclavitud, fuerte traba al desarrollo capitalista, y por ende, da lugar a un incipiente nacimiento de una clase obrera, obviamente sin conciencia proletaria aún, debido a que no se había constituido como clase , a las diferencias étnicas y culturales y la poca continuidad que daba el trabajo en las zafras, lo cual no dejaba margen a la organización. La economía fuertemente agrícola y rural era otro obstáculo. Además, no se había eliminado la arcaica superestructura ideológica española.

A fines del siglo XIX se produce la primer crisis de superproducción capitalista, donde se produce una tendencia decreciente de la tasa de ganancia, lo que redunda en una fuerte crisis de rentabilidad. La consecuencia de esto es el proteccionismo de las potencias europeas, que coartará fuertemente las economías latinoamericanas, y el imperialismo. En este contexto se produce el “tratado de París”, donde España pierde la dominación colonial en Cuba, y pasa a manos de los Estados Unidos.

Temporalmente, ya estamos situados en el último cuarto del siglo XIX, es decir, en lo que Lenin denomina la fase superior del capitalismo: el imperialismo(1) . Esto viene a decir precisamente que es una etapa particular de este sistema. Etapa que se caracteriza por:


- la concentración del capital, que da lugar a monopolios
- la fusión del capital bancario y el capital industrial, que da lugar al capital financiero
- la exportación de capitales, que conlleva la exportación de relaciones sociales de producción
- la repartición del mundo entre las grandes potencias y monopolios





Esto marcará fuertemente la relación entre los países imperialistas, y marcará la división entre países dominantes y dependientes, de acuerdo a las categorías utilizadas por Lenin Categorías que marcan precisamente la dependencia, y no el desarrollo o sub-desarrollo, o el “primer mundo” y “tercer mundo” (como si fueran bloques de países con características similares y uniformes), categorías que no dan cuenta de la relación entre unos y otros. Por otra parte, al afirmarse el capitalismo y sus relaciones de producción pertinentes, predominan las relaciones asalariadas y la fuerza de trabajo se convierte en mercancía.

Este marco con esas características tiene consecuencias concretas: la penetración constante y creciente en los países dependientes a través de inversiones de capital, de sistemas de crédito y préstamos, el monopolio productivo a través de las empresas, la incorporación de mano de obra barata, entre otras.

Es también un momento particular de los Estados Unidos, país donde se asientan relaciones netamente capitalistas tras la guerra civil y se adelantan fuertemente en su desarrollo industrial, alcanzando al resto de las potencias europeas ya industrializadas (principalmente Inglaterra y Alemania), en base también a una fuerte expansión geográfica (fundamentalmente con las tierras conquistadas en territorio mexicano).
En el caso particular de este trabajo, interesa recalcar el fuerte crecimiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, que adoptan una postura llamada “de fruta madura”, basada de momento en la no intervención militar ni anexión del territorio cubano y en la dominación colonial a través de las clases dominantes locales (ubicadas en las colonias), que se subordinan a los intereses de las burguesías imperialistas (en distinto grado según cada caso; en el caso cubano, la ligazón es fuerte, lo que marca el grado de dependencia de la isla). Los rasgos del imperialismo se notan ya en la intervención norteamericana a través de regímenes arancelarios estrictos (es notable remarcar que esta fuerte traba que marcaba anteriormente sólo se quiebra definitivamente cuando entra en vigencia el imperialismo norteamericano, lo que muestra que todavía las fuerzas independentistas no lograron cohesionarse de manera tal de poder quebrarlas por sus propios medios), en la concentración de capitales y de monopolios instalados en el país, en la regulación de la producción y el comercio, exportación e importación de productos. Aparece un fuerte suministro de maquinaria para la producción azucarera, brindada por los monopolios que invierten en el sector, que marcará notablemente el monocultivo de la región en general y de Cuba en particular, traba fuerte al desarrollo y síntoma de dependencia que se agudiza en momentos de crisis, donde éstas no pueden resolverse por falta de producción y de acumulación interna (otro síntoma de dependencia muy marcado).
Estas intervenciones coartan, frenan y debilitan las fuerzas independentistas en la segunda guerra de independencia liderada por José Martí desde 1895, derrota que se suma a la anterior, con características similares, y que serán el prólogo a una larga etapa de dependencia ahora bajo dominio norteamericano, con un gobierno de carácter republicano que se mantendrá en el poder durante décadas.

Si existe un elemento más que simbólico de la relación de dominación que existe entre Cuba y Estados Unidos a partir del siglo XX y de la acentuación de la dependencia, es la Enmienda Platt, anexo de la constitución norteamericana que establece:

- que Cuba no pueda comerciar con países extranjeros (desde ya, que no sea Estados Unidos)
- que Cuba deba tener la suficiente solvencia como para poder pagar intereses y amortizaciones (esto es una estrategia de dominación que consiste en que la falta de solvencia se convierta en el derecho a la intervención norteamericana en sus colonias)
- el derecho por parte de los Estados Unidos a intervenir militarmente en Cuba, y el derecho a establecer bases navales y militares (que se conservan hasta el día de hoy en Guantánamo, por ejemplo)


Esto es, claramente, una legalización de la dominación entre un país y otro, lo que marca el gran grado de dependencia. Será, por supuesto, fuente de numerosas contradicciones sociales que estallará en un futuro, pero que, al momento de su sanción, no tenía posibilidades de ser quebrantada, dado el fuerte poder de las clases dominantes, la subordinación de las burguesías locales al dominio imperialista y a la división y falta de cohesión en aquellos sectores dispuestos al cambio.
Cuba es, a estas alturas, un país dependiente y semi-colonial, es decir, un país con una independencia política formal cuya economía es regida desde afuera. Ocurre que la dependencia económica se plasma siempre también en un plano político.
Veremos hasta qué punto esto es así.
A partir de la 1era década del siglo XX comienza para Cuba una época de fuerte subordinación al dominio neo-colonial norteamericano, el cual en base a la penetración imperialista señalada anteriormente, ejerció un control casi completo sobre la vida política, económica, cultural y educacional del pueblo cubano, dominando también los órganos mediáticos y creando un fuerte aparato superestructural de corte burgués.
Se acentúan, se desarrollan y se reproducen claramente las relaciones de producción capitalistas (a partir de la incorporación de mano de obra, las inversiones de capital en todos los sectores, principalmente en las tierras, los ingenios, los ferrocarriles y las minas; la exportación de capitales, empréstitos, etc) en condiciones de clara subordinación a los intereses norteamericanos y sus monopolios, lo que, si bien desarrolló, es cierto, las fuerzas productivas, no hizo más que consolidar y acentuar la dependencia a partir de una estructura económica basada en el monocultivo y en la monoproducción. En esto, claro está, también colaboraron las fuerzas sociales dominantes en el medio local: la oligarquía, los latifundistas, la burguesía azucarera de occidente y la burguesía importadora. Este apoyo y complicidad de las burguesías locales con las burguesías imperialistas es una constante en la FES cubana que da cuenta de las dificultades para lograr un verdadero proceso revolucionario en la isla, que solo se quebrantará 50 años más tarde.
A esto se suma también ya en los fines de la 1era década del siglo XX, la ocupación militar casi permanente, como forma de represión a cualquier intento de levantamiento por parte de las masas, y a la formación también de un aparato ideológico de corte represivo, apoyado por la burguesía local. Esta es la estructura neo-colonial de Cuba en la etapa de la República. Esta, como todas las etapas represivas, genera condiciones para la rebelión. Esta no se dará inmediatamente, pero sí generará algunas condiciones, como la creación de un proletariado que, en base a una economía ya inserta en un marco capitalista, adquiere progresivamente conciencia de clase, que comenzará a querer satisfacer demandas básicas. Es todavía una lucha débil e inmadura, pero no deja de ser una lucha. Debe tenerse en cuenta para esto el hecho de que la 1era guerra mundial contrae las relaciones de opresión y da cierto respiro a las clases locales, y por otra parte comienza a haber fuertes influencias de la revolución rusa, que comienza a expandirse por todo el globo. Esto tampoco será soslayado por los Estados Unidos, que doblegarán su opresión. Sin embargo no deja de ser una etapa de ascenso revolucionario: esta opresión genera, además de desigualdad, desempleo, pobreza y estancamiento.

Ya se analizaron las modificaciones superestructurales que se producen en este período. Sin embargo, corresponde hacer un nuevo análisis en lo estructural, es decir, en las modificaciones pertinentes debido al paso de una economía capitalista y sus relaciones de producción, lo que genera una nueva categorización de las clases sociales, que si bien tiene los aspectos generales señalados, en Cuba en particular generan una burguesía peculiar. Por un lado, la burguesía industrial azucarera, poseedora de ingenios medianos y pequeños (los grandes ingenios eran propiedad de los monopolios norteamericanos), que tendrá contradicciones con el imperialismo hacia 1930 en la época de Machado, que analizaremos a continuación. Por otra parte, la burguesía agraria, que también se divide en azucarera y no azucarera. Ésta comprende también a la oligarquía terrateniente latifundista, que a su vez tendrá fuertes contradicciones con los colonos. De otra parte, la burguesía comercial, de fuerte identificación con los intereses capitalistas. Otra clase es la burguesía urbana, formada principalmente por políticos, enriquecidos en buena parte gracias a la corrupción y al aparato burocrático en formación.
La contrapartida de estas clases, son, otra vez, el proletariado en formación (que también se dividía en un proletariado industrial y agrícola) y la clase campesina, la más antigua de Cuba que siempre presentó contradicción casi polar con las clases dominantes locales y foráneas. En este tiempo esta lucha es aun mas acentuada debido a que la penetración imperialista reconfigura las relaciones sociales, pero consolida y reproduce la estructura latifundista vigente en Cuba. Veamos entonces qué características presenta esta burguesía cubana en general y sus contradicciones.
Por un lado, debido a la penetración norteamericana en todo su espectro, la burguesía (sobre todo la no azucarera) posee un peso relativamente débil. Tampoco existía una fuerte división entre los distintos sectores burgueses (a veces pertenecían a la burguesía industrial azucarera y también a la burguesía agraria, por ejemplo). Por último, no existía todavía una línea divisoria clara entre la burguesía cubana y la burguesía imperialista, dado que, si bien existían vínculos evidentes, no había aun fuertes contradicciones entre una y otra.

A partir de 1925 y con los fenómenos señalados, comienza el gobierno de Machado, de corte fuertemente represivo en todos los niveles, que no hará más que fomentar la sublevación de las masas que, de a poco, irán perfilando su “búsqueda de liderazgo” (se radicalizan las posturas del proletariado, aparece el movimiento estudiantil en escena, el apoyo campesino siempre está vigente..), lo que se conjugará con factores externos también: principalmente el crack del ’30, lo que sucumbirá a Machado en una fuerte crisis económica por un lado y política por otro.
En cuanto a la lucha social, cabe remarcar que ésta no sigue aún una línea recta, sino que adquiere posturas contradictorias, de avance y retroceso, con posturas socialistas por un lado, reformistas por el otro, que no acaban de derrocar de momento a la clase dominante. Es un período de crisis constante y latente, pero donde todavía no se definen claramente las luchas, donde la dominación imperialista todavía es fuerte y donde la situación revolucionaria todavía no está dada. Sin embargo, la sociedad entera, a pesar de las derrotas en diferentes levantamientos, comienza a imbuirse de una conciencia proletaria y revolucionaria en todos los niveles, si bien ésta se manifiesta aún de modos divergentes. La “búsqueda de liderazgo” todavía no es ni contundente, ni tiene cohesión ni es eficaz. Pero si esta lucha es latente se debe a que la expansión capitalista en Cuba genera, por un lado, una fuerte proletarización (masiva) y una crisis socioeconómica rotunda, lo cual crea, naturalmente, condiciones propicias para la organización de las clases oprimidas. Como se detalla a continuación, la crisis genera conciencia política en las masas. Pero todavía circundan intereses burgueses no dispuestos a una transformación radical. Y es sabido que en la etapa capitalista, las revoluciones las encabeza el proletariado.
La dependencia económica se pone de manifiesto en grado máximo al caer las importaciones de productos norteamericanos, cuyos monopolios ahorcan la economía cubana con sus tarifas aduaneras, con la amenaza siempre latente de intervenciones, bloqueos o cese de comercio. Los precios del azúcar se elevan enormemente, y el monocultivo castiga fuertemente al pueblo.
En este contexto de crisis social, el gobierno de Machado intenta paliarla realizando ciertas concesiones al pueblo que no logran el efecto esperado. Termina este proceso con la radicalización de la lucha revolucionaria y especialmente con la intervención norteamericana, que intentó desde ya fraguar la lucha de las masas y asestar un golpe de estado meses después. Aquí entramos ya en el período de gobierno de Batista, en 1934. Esto generó naturalmente una ola contrarrevolucionaria, con nuevos tratados de reciprocidad con Estados Unidos acentuando la dependencia. Por otra parte, es un período que se inicia con una lucha de clases acelerada, en un contexto de avance del fascismo en Europa, y, puertas adentro, Estados Unidos intenta legalizar el orden vigente. Este primer gobierno culmina en 1940, donde comienza una lucha fuerte por la democracia en Cuba, aparece el primer gobierno supuestamente burgués nacional y comienzan las relaciones con la Unión Soviética. Desde 1940 hasta 1952 existe entonces una “democracia representativa” ( este es el nombre formal que se le da al gobierno, pero en los hechos no hace más que representar precisamente a los intereses contrarios a los que se supone que defiende).

En el año 1952, a partir del 2do gobierno de Batista, aparece un punto de inflexión en la FES cubana. Las clases dominantes ya no pueden sostener con la misma fuerza su dominio, y por ende se acentúa, se radicaliza y se perfila la lucha revolucionaria. Dicho régimen no puede resolver las crisis que se presentan, las contradicciones se vuelven cada vez más agudas, por lo tanto aparece una doble contradicción en el gobierno: no puede sostener por una parte, las demandas de las clases oprimidas (porque esto implica perjudicar intereses imperialistas) y tampoco puede satisfacer las demandas de los monopolios norteamericanos (que irán retirando progresivamente su apoyo) en base a la fuerte presión de las masas. Está atrapado entre ambos intereses. Este es un claro síntoma de agudización tanto de las luchas sociales (creando una situación verdaderamente revolucionaria) como del resquebrajamiento de la clase dominante al interior de la nación cubana. La clase trabajadora a estas alturas ya está asentada como fuerza social, cuya lucha convergerá en el derrocamiento de Batista en 1958. Las medidas represivas ya no tienen continuidad, no tienen apoyo posterior, lo cual produce un aislamiento político que amenaza progresivamente la estabilidad y la seguridad del régimen. El gobierno pierde de vista las luchas guerrilleras en el campo y la unión de otras fuerzas sociales. No se tiene en cuenta que la represión directa no es el único camino. Es decir que sus políticas no hacen más que reactivar el enfrentamiento directo y masivo, pero ya con fuerzas sociales mucho más concientizadas y acumuladas: genera un movimiento anticapitalista y antiimperialista.
No debe olvidarse que, más allá de las contradicciones con la clase dominante, este también es un proceso de agudización creciente de las contradicciones al interior de las clases oprimidas, dado que no eran aun un bloque unificado dispuesto a abolir por completo las relaciones capitalistas. Esto generó fuertes luchas entre los trabajadores sindicales y aquellos ligados a la burocracia y al estado.

Esta “acumulación de fuerzas sociales”(2) mencionada anteriormente, se plasmará concretamente en el movimiento 26 de Julio encabezado por Fidel Castro en 1953, con la toma del cuartel de Moncada. No es mi intención aquí hacer una crónica de los sucesos ocurridos hasta la revolución final en 1959, sino intentar analizar por qué este movimiento logró en tan poco tiempo lo que otras fuerzas no pudieron hacer en más de un siglo, y completar el ciclo que mencioné en el comienzo: la búsqueda de liderazgo y su eficacia a la hora de encabezar un proceso revolucionario.


En primer lugar, se debe a lo analizado anteriormente: hay una concientización fuerte y progresiva en las masas oprimidas , que van resolviendo sus contradicciones para poder finalmente unirse contra las clases dominantes. Si esto es posible, es en parte por las contradicciones mencionadas anteriormente, pero también y sobre todo porque existe una acumulación no sólo de clases sino de luchas. Son intentos sucesivos con diferentes direcciones que van, paulatinamente, auto-corrigiéndose , hasta lograr el camino indicado. La victoria final, entonces, es el corolario de muchas luchas precedentes, que fueron generando condiciones para que ésta pudiera producirse.

En segundo lugar, cabe remarcar no solo la lucha masiva, profunda y de gran rapidez (si hablamos de un proceso de un siglo, 6 años es un período realmente corto) sino con grandes saltos cualitativos en cuanto a sus medidas, como la abolición completa de la clase dominante, que se plasmará en diferentes elementos: la reforma agraria, la nacionalización de las empresas norteamericanas, la nacionalización de toda su economía, entre otras. A su vez, aparece un curso revolucionario que se extiende a todas las unidades de producción; una lucha para desmantelar el aparato militar; un crecimiento del ejército rebelde que practica la lucha armada y arma al pueblo, constituyéndose en una fuerza paralela al poder estatal (y no en colaboración con este, como en el caso de las luchas anteriores); una ruptura con las políticas colaboracionistas, anexionistas y reformistas.

En tercer y último lugar, cabe remarcar la acción de liderazgo de Fidel Castro. Este supo responder al “legado” de las luchas precedentes, y pudo dar respuesta a las necesidades de su clase, en base a una clara y eficaz organización y articulación de fuerzas, combinando la lucha política con la lucha armada, con el objetivo de abolir las relaciones sociales existentes, con una perspectiva que si bien para ese entonces no es completamente socialista (ésta recién se dará después de concretada la revolución, es decir, a la hora de profundizar y establecerla definitivamente en toda la isla), pero sí anti-imperialista, y también con la interacción de la lucha urbana masiva por un lado, combinada con el movimiento guerrillero rural por el otro, es decir, crear lazos de interdependencia, articulación de todas las fuerzas sociales y en todo el territorio.

Esto forma parte también del análisis que han hecho los propios hacedores de esta revolución (principalmente en la 1era y la 2da Declaración de La Habana).
Luego vendría la etapa de la consolidación y de la defensa de la revolución. Los Estados Unidos no harían esperar su reacción, e intentarán sin éxito pero por todos los medios quebrar y dividir a las fuerzas revolucionarias a través de su aparato mediático, con fuertes campañas de prensa combinadas con intervenciones e invasiones militares (claro ejemplo de esto es la invasión el 16 de abril de 1961 en Playa Girón, donde se produjo la primer derrota militar norteamericana en la historia del continente). Por esto eran concientes los dirigentes que la lucha debía ser constante y completa, ya que la consolidación no sería fácil. Para esto, por otra parte, había que abolir por completo todo rastro capitalista en la isla y defenderla militarmente. Por otra parte, requería crear condiciones para auto-abastecer a la nación, que había siempre dependido fuertemente de la importación de productos extranjeros. Para esto debía romper con el latifundio, lo que logró con la reforma agraria, pero esto a su vez generó la necesidad de una industrialización, dado que el mayor poder adquisitivo de toda la nación generaba una demanda que, con las condiciones existentes, era imposible satisfacer.

A partir de entonces, la revolución cubana ha generado una fuerte influencia en el resto de las naciones latinoamericanas, como bien señala Guevara(3), que vivían y viven, en condiciones similares o inferiores a las que vivía Cuba antes de la revolución, que hasta el día de hoy no fueron modificadas radicalmente.







NOTAS:



(1) Lenin, V.I: Imperialismo, Fase superior del Capitalismo; Caps.I a VI Ediciones del Libertador, 2005


(2) Petras, J ;
Clase, Estado y Poder en el Tercer Mundo, pag.221; FCE, Bs.As, 1993


(3) En
Ernesto Guevara Presente, Centros de Estudios Che Guevara, Ocean Press, 2004





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