martes, 14 de julio de 2009

Los procesos de radicalización de la revolución inglesa y francesa: ensayo de historia comparada

Sin dudas la revolución francesa y la inglesa constituyen un hito en la historia moderna. Se propone aquí un análisis y comparación de ambas (en su proceso de radicalización) tomando en cuenta : las características de ambos estados; los sectores involucrados , sus proyectos, contradicciones y conflictos; el impacto de elementos religiosos, sus raíces, sus características y su influencia en el conflicto socio-político ; las formas que adquirió la destrucción del viejo orden (el tipo de gobierno instaurado, las clases que los conformaron, los medios empleados, el rol de la violencia, elementos legitimadores, etc.) . De esta manera, se podrá dar cuenta del carácter de cada revolución en función también de sus resultados.

Si algo caracteriza al estado inglés en la primera mitad del siglo XVII, es la fuerte cohesión política de la monarquía en todo el reino. Como afirma Perez Zagorín, el provincialismo existía en clara subordinación a la política nacional . Como también señala Brenner, existía una fuerte cohesión entre poder central y local, sin necesidad de una alta nobleza aristocrática a base de cargos u oficios. En efecto, en Inglaterra, la clase terrateniente se integra perfectamente en el marco de una hegemonía política estatal y monárquica, donde ésta no constituye ninguna amenaza a su condición de clase . Muy por el contrario: favorece la formación de un gobierno fuerte con capacidad para controlar la economía. En este sentido el Parlamento constituye una herramienta de articulación entre ambos sectores (propietarios locales y monarquía).

El proceso de radicalización revolucionario comienza en 1640 con la instauración del Parlamento largo(1) . En este proceso cabe preguntarse y analizar porqué al interior del Estado comenzaron a suscitarse fuertes conflictos.
En primer lugar cabe señalar, como lo hace Perez Zagorín, el fuerte bagaje político del sector parlamentario , que es quien lleva a cabo la revolución. Por otra parte, utilizando el lenguaje de Morgan, se observa un proceso paulatino de cambio de ficción, donde el Parlamento (y en particular la Cámara de los Comunes) ya no puede pensarse tan sólo como súbdito del Rey.

En efecto, en función de la representatividad que tiene y de la soberanía popular que se adjudica es que tiene la capacidad de legitimar su oposición al poder real.

Para entender por qué se produce este cambio, debe preguntarse:

¿Dentro de qué marco se presenta este conflicto? ¿Qué características y alcances tiene? ¿Es expresión tan sólo de un conflicto socio-político o intervienen otros elementos?

En efecto, se produce en un contexto (desde 1620) de intento de centralización monárquica a través del aparato fiscal. El conflicto radica en el intento de la monarquía de prescindir del Parlamento como órgano de poder.

Es desde este punto donde el Parlamento no puede pretender la independencia financiera de la Corona , con lo que comienza una disputa por el poder donde el Parlamento pretende un ejercicio de la actividad legislativa pero donde ya no oficie como mera ley, sino como representante de la soberanía popular, a través del cual el Parlamento intenta y logra imponer reformas legislativas socavando el poder real y generando un nuevo poder que intentará ser soberano en representación del pueblo.

Es en este sentido entonces donde ya no puede sostenerse esa ficción de una monarquía por Derecho Divino donde todos están unificados en carácter de súbditos del Rey.

Este no es sin embargo el único punto de conflicto: si algo caracteriza a la revolución inglesa es la fuerte ingerencia de componentes religiosos. El conflicto se manifiesta en tres líneas: la anglicana calvinista, de organización episcopal vertical; la presbiteriana, que propone una organización horizontal conservando el contenido anglicano, y la congregacionista (de la que es partidario Cromwell y la Gentry) .

En este marco, sin embargo, el punto de inflexión del conflicto comienza a partir de la disputa del Parlamento del control de las fuerzas militares. En este contexto comienza la guerra civil inglesa que culminará con el derrocamiento del Rey, la abolición de la monarquía, la Cámara de los Lores y la asunción de Parlamento con el control del poder político hasta 1660 con la restauración monárquica.

Ambos bandos se presentan ya armados. El grupo parlamentario revolucionario estará compuesto principalmente por la Gentry, en alianza con la yeomantry, que a través del New Model Army, constituye el brazo armado del Parlamento, expresión del grupo político de los Levellers. (2)

Sin dudas, dicho ejército presenta caracteres absolutamente novedosos y revolucionarios: la participación voluntaria de los miembros, el compromiso ideológico, la disciplina estricta, etc. Es por otra parte, un ejército compuesto por ciudadanos. Este también presenta fuerte elementos religiosos puritanos que son la base de su postura radical. Si algo tiene de revolucionario es que lleva los principios religiosos a pluralidad de esferas: el Estado, la sociedad y los individuos.
Esta radicalización solo se entiende en un contexto de revisión de estructuras políticas y religiosas y de fuerte temor al desorden social. Por esto es que Walzer sostiene que este puritanismo fue producto del desorden(3) y que operó como un agente de transformación en un contexto que ya es de transformación.


En el caso francés, el Estado presenta otras características. Si bien es un Estado centralizado, su control en el territorio a nivel local está basado en alianzas con las oligarquías locales en función de la extracción al campesinado, en la creación de cargos y oficios, ejerciendo de forma privada las potestades públicas al servicio del poder real.
Dicha alianza forjada desde mediados del siglo XVI con la formación del Estado absolutista perdura hasta fines del Antiguo Régimen, hasta la revolución francesa.

¿A través de qué contradicciones y conflictos se produce su caída?
En primer lugar, la creación por parte del poder real de una “nueva nobleza” genera fuerte conflictos intra-nobiliarios así como una complejización del aparato burocrático, dando lugar a fuertes luchas al interior de la élite dominante.

Luchas que dan lugar tanto a una presión de sectores burgueses en ascenso(4) (a través de estos lazos de movilización social que la monarquía propone) como entre la propia nobleza. El principal síntoma que denotan estos conflictos es la creciente falta de cohesión política del Estado y de la monarquía, que si bien comienza un proceso de modernización, no logra resolver eficazmente los límites del propio régimen que llegó a construir y consolidar.
En efecto, este Estado absolutista, por lo visto, no logra encontrar una legitimidad que unifique a la clase dominante.
Por otra parte, presenta elementos modernizadores (la unificación relativa del mercado interno, cierta racionalidad productiva en el contexto de una burguesía basada en relaciones mercantiles, control y abolición de comunidades locales basadas en protecciones señoriales; urbanización; cierto descenso en las guerras externas, etc.) pero sobre una base que no trastoca de ningún modo las bases tradicionales de la sociedad del Antiguo Régimen: consolida como nunca un régimen basado en la desigualdad sin posibilidad de unificar políticas que generen integración social y consenso.

Como bien afirma Furet, este régimen es demasiado arcaico para todo lo que posee de moderno, y demasiado moderno para lo que conserva de arcaico. (5)

Es en este marco que hay que entender entonces en el largo plazo un proceso de resquebrajamiento del viejo orden y en este largo plazo es donde debe entenderse también el ascenso burgués mencionado anteriormente, es decir, como un actor social central en un contexto amplio, o si se quiere, pensarlo de una manera más abierta

No es de extrañar entonces la emergencia de variados reclamos por parte de la sociedad francesa en las últimas décadas del siglo XVIII. Reclamos y descontentos que se manifiestan en múltiples aspectos: por un lado, es de destacar la producción literaria (en un contexto de fuerte efervescencia de la opinión pública) con fuertes contenidos anti-monárquicos, que, si bien no corresponde analizar aquí hasta qué punto estas tuvieron relevancia concreta, sí da cuenta de la percepción social que sobre el régimen se tenía.

Cabe destacar entonces la penetración de ciertas ideas novedosas, basadas en una idea de soberanía mucho más desarrollada que en tiempos de la revolución inglesa, donde ya el elemento primordial se basa en la Razón, algo bastante más cercano a la política liberal burguesa que se consolidará tras la revolución.

¿Qué manifestación política concreta tienen estas nuevas ideas?

Por un lado, una creciente disconformidad del campesinado (manifestada especialmente en los Cuadernos) con el excesivo régimen de exacción fiscal del Estado, que para este sector es doble: la imposición real y los tributos señoriales.

Sin embargo es a partir de la convocatoria a los Estados Generales donde se observan nuevos puntos de debate a nivel social. Por una parte, la noción de representación, es decir, la idea del pueblo francés basado en un todo, en una unidad. Por otra parte, el intento de abolición de lo que Rosanvallon denomina cuerpos intermedios . Claramente se manifiesta aquí la necesidad de romper con un régimen basado en la desigualdad social y jurídica, que en dichas condiciones también es económica.

La imposibilidad de que los intereses sociales converjan en una fuerza política unificada generó sin duda dificultades para poder consolidarlas. De modo que la resistencia de los detentadores del poder tradicional tampoco se hizo esperar. Sin embargo, nuevamente la vieja ficción del orden tradicional resultaba difícil de sostener.

Sin dudas ya a partir de 1789 se denota una radicalización del proceso, con el avance sobre la Bastilla, la efervescencia de sectores rurales y urbanos, la exigencia concreta de eliminar privilegios que el viejo poder no deja de dilatar.
Un punto de inflexión constituye sin dudas la huída del Rey en 1791.
Aquí la situación resulta prácticamente de no retorno.

Pero sin dudas la mayor radicalización del proceso se presenta durante el gobierno jacobino, particularmente por el marcado nivel de violencia que éste manifestó y por el cambio del contenido en el programa revolucionario: hasta entonces, cuesta pensar en una alianza de clases en contra del Antiguo Régimen. En efecto, la movilización popular está hasta entonces desligada de los líderes revolucionarios. A partir de 1792, la aparición de otros sectores como los Sans-culottes, modifican profundamente el panorama político, a través de la alianza entre éstos y los jacobinos.

Por otra parte, es de destacar el rol de la violencia como elemento legitimador del grupo revolucionario. A tal punto que, como señala Furet, constituye una ideología que se autonomiza de la realidad política misma , lo cual contradice de alguna manera el origen social del proceso revolucionario.

Por último, cabe resaltar el tipo de violencia que se manifiesta. En primer lugar, con un fuerte carácter desacralizador, con manifestaciones concretas de destrucción física y simbólica de elementos sagrados. Pero principalmente, como elemento principal, cabe destacar el contenido sacrificial de la violencia, tal como sostiene Goldhammer . Es interesante aquí la paradoja de que elementos de fuerte carácter religioso se utilicen en función de una desacralización. Es decir, expresiones de violencia que, como sostiene dicho autor, cuando se vieron sometidas a la interpretación revolucionaria(…)reforzaron la convicción de que formas particulares de violencia podían servir con amplitud al objetivo de fundar una república.


Habiendo analizado ambos procesos, proceso a compararlos en función de sus características y sus resultados.

Está claro que ambas son revoluciones, pero ¿de qué tipo?

En el caso de la revolución inglesa, cuesta pensarla como una revolución burguesa. De hecho, como bien señala Brenner, no existe una división tan clara en la clase dominante, se trata de una diferencia de grado, constituye entonces una autotransformación de la clase dominante terrateniente en función de una explotación social nueva basada en la renta ya capitalista luego de los cercamientos que responde a las necesidades de esta clase. Por otra parte, no es una clase que apunte a la abolición del Estado o un cambio radical de su estructura, sino una modificación que responda a sus intereses en el marco de un cambio en las relaciones de explotación social. En función de esto es que el Estado constituye un garante que no sólo no se transforma sino que defiende la reproducción de esta clase capitalista legitimando la propiedad a través del mantenimiento, entre otros elementos, de la postura religiosa.

En el caso francés sí cabe pensar en una revolución burguesa, pero tal como sostiene Furet, no enfocada en la propia radicalización del proceso revolucionario, sino en el largo plazo, donde sí se observa un proceso de resquebrajamiento del orden tradicional y un ascenso (contradictorio, con dificultades) de la burguesía. Por otra parte, aquí sí se produce una abolición del viejo orden y el ascenso de una nueva clase dominante al poder.

¿Qué clases encabezan el proceso revolucionario en cada caso y qué diferencias tienen?
¿Cuál es el alcance social que tiene la alianza de clases en cada proceso?

En el caso inglés, la alianza se produce entre la Gentry y la yeomantry manifiestamente. Las diferencias internas luego producen que los sectores que amenazan el programa revolucionario del bloque dominante provoca que los primeros sean desplazados.
En Francia quizás esto es un punto de similitud, puesto que la alianza jacobina también desplazó a los Sans-cullottes. Ambas también cooptan a otros grupos en función de legitimar y fortalecer un programa político.

¿Cuál es la relevancia del elemento religioso en ambos procesos cuál es su dinámica? ¿Qué resultados tiene?

En el caso inglés, está claro que la religión tiñe completamente la práctica política. Tanto dentro del Estado como al interior del propio grupo revolucionario: todos los programas tienen base en fundamentos religiosos.
En el caso francés sin duda esto no ocurre. No es que no exista, pero el discurso político nunca está fundado en elementos religiosos, más bien están relacionados con nuevas ideas asociadas a un orden racional. Sin duda, la diferencia temporal entre una revolución y otra incide fuertemente en esto.
Por otra parte, en el caso inglés, amén de las diferencias entre distintas órdenes, nunca se pone en duda la religión como principio fundante del orden político y social. En el caso francés sí, y las fuertes manifestaciones de desacralización mencionadas son prueba de esto. Es decir que en ambos existe la presencia religiosa, pero en un caso ésta es casi el lenguaje del discurso revolucionario y en la otra el discurso revolucionario avanza, entre otras cosas, hacia su destrucción.

Desde lo constitucional incluso es notoria la diferencia: en el caso inglés la revolución termina conformando una monarquía mixta. A tal punto es vital el componente religioso que aún después de haber decapitado al rey se produce la restauración 20 años más tarde. En Francia, por el contrario, lo que se consagra es una República.

Es interesante marcar también la legitimación que ambos sectores utilizaron con una marca religiosa.

El New Model Army, con fuerte contenido puritano, basó su lucha en una guerra justa, con un espíritu de cruzada, legitimando su posición.

En el caso de los jacobinos, la violencia revolucionaria estuvo justificada por fuertes elementos sacrificiales.

Sin embargo, está claro que, independientemente de los elementos que hayan legitimado la acción que condujo a la creación del nuevo orden que intentaban y lograron imponer, ambos se fundaban en bases diferentes.

Desde el punto de vista político, ¿cuál es el nuevo rol que adquiere el poder legislativo?

En los dos casos aparece la idea de soberanía popular (a partir de la crisis de legitimidad del régimen monárquico por Derecho Divino) que se expresa a través del cuerpo Legislativo. Sin embargo, en Inglaterra con la monarquía mixta, y en parte por eso recibe ese nombre, la facultad legislativa es compartida. En Francia, con la República, la facultad del poder Ejecutivo queda marcadamente subordinada al Legislativo.









Notas:




(1)Se lo llama así en función de que desde este momento es innegable su participación activa en la vida política inglesa. Aclaro también que éste esta compuesto por la Cámara de Lores y la de los Comunes. De todos modos cuando me refiero al Parlamento de aquí en más y a sus reclamos, hago alusión al sector de los Comunes. No se pueden pensar como bloques ambas cámaras, pero sí está claro que quienes encabezan el proceso revolucionario son en su mayoría miembros de la Cámara de los Comunes.

(2)Sector que, por el carácter posterior de sus reclamos de igualdad política, será desplazado por el grupo de Cromwell

(3)Walzer, Michael. La revolución de los santos. Estudio sobre los orígenes de la política radical, Buenos Aires, Katz, 2008 (1695), Pág. 330

(4)Aquí no hablo en un sentido lineal y marxista entendido como una contradicción creciente con la aristocracia: más bien de la acumulación de tensiones dentro del propio bloque dominante.

(5)Furet, Francois. El catecismo revolucionario, en Pensar la Revolución Francesa, Barcelona, Petrel, 1980 (1978), Pág. 142.

3 comentarios:

  1. Si, te sigo precioso!
    Pero no le pidas peras al olmo!

    Te quiero!

    =) HUMO

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  2. hola me podrías hacer un resumen de las comparaciones chau gracias.¡¡¡

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  3. la revolución inglesa es la industrial???

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